El café también ha evolucionado

Muchos son los consumidores que apenas saben las diferencias entre un café natural, o un café torrefacto.
Hoy en día, en España el café torrefacto prácticamente no se consume. Su inicio empezó en Sudamérica, donde se pensaba que añadir azúcar al tostar el grano de café natural, este se podía conservar durante más tiempo. La capa de azúcar protegía de la oxidación y la pérdida de propiedades. Pero realmente el café torrefacto puede incluso llevar sobre un 15% de azúcar. En España se empezó a comercializar antes, durante y después de la Guerra Civil, donde había escasez de productos y utilizaban menos cantidad de café al mezclarlo con el azúcar. Hay países aún siguen consumiendo el café torrefacto como Brasil y Portugal.
Estudios recientes demostraron que el añadir azúcar durante el tueste, camufla las propiedades del grano natural e incluso lo hace más amargo, por tanto altera el verdadero sabor del café.

El café natural en cambio, en el tueste no lleva otra cosa que los granos de café recolectados y tostados. Predomina su aroma, su sabor menos amargo y sus matices. Es un café más saludable.
Dentro del café natural existen dos variedades de granos: arábica y robusta. La arábica es la que más se consume por su calidad y suavidad al paladar, y en cuanto al café robusta destaca por su doble contenido en cafeína respecto a la arábica se trata pues, de un café con cuerpo y con regusto amargo pero con mucha clase.